Oceanica

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Dom 30 Nov, 2008 GMT

The Majestic: Una película con clase

Me ha gustado. Al parecer no tuvo las mejores críticas, pero como siempre digo, Amarcord de Fellini las tuvo excelentes y me disgusta profundamente.

Aparte de mi debilidad por Jim Carrey (para mi gusto, un actor no lo suficientemente valorado), se trata sin duda de un película con clase, al estilo de Capra, que recuerda a la época dorada del cine americano en blanco y negro.

Gran momento el de la lectura de la carta de Luke, repleta de buenos valores (familia, sentido del deber, etc...) y de amor.

Me gusta asimismo, especialmente, el instante en el que Peter confiesa sin ambages ante el Comité de investigación del Congreso que él nunca ha sido hombre de principios, pero...

Luke

Y los ciudadanos que aquél representa

Bastante de acuerdo con esta opinión (fuente: http://www.cinenganos.com/pelicula/Majestic/ )

Para todos aquellos que amamos el cine; que encontramos en él un mundo mágico donde nos sentimos los héroes, los enamorados, los sabios, e incluso a veces, los villanos; para todos aquellos que hemos hecho de los cajones oscuros nuestros templos y del séptimo arte una religión, El Majestic es una oda al espíritu.

Es bien cierto que la cinta tiene momentos cursis; es también muy cierto que muchos detalles resultan predecibles y hasta les concedo razón a todos los que creen que el final debió ser distinto. Pero también es una verdad innegable que El Majestic tiene cuadros que acarician el alma y diálogos que forman nudos en la garganta.

La historia gira en torno a Peter Appleton (Jim Carrey), un escritor de guiones para películas de corto presupuesto, quien está iniciando su carrera en Hollywood; sin embargo al haber asistido en su juventud a una reunión que el gobierno tachó de comunista, Peter se ve acosado por la justicia y en una deprimente borrachera sufre un accidente que le provoca amnesia.

Aquí es donde comienza la segunda parte de su vida; al conocer gente nueva, amigos, novia, un padre y hasta un lugar maravilloso donde vivir y refugiarse: el departamento en el piso superior de un cine derruido llamado El Majestic.

Si bien hay cosas que pueden olvidarse, hay otras que llevamos en la sangre y el amor por el cine no puede ser ocultado. Peter cambiará la vida de El Majestic y al hacerlo cambiará la suya y la de aquellos que le rodean; recordándonos que el objetivo último de la vida no es el dinero sino la felicidad que se puede encontrar en hacer lo que amamos y bañarnos en la dicha de esas cosas pequeñas que nos suceden al realizarlo.

Jim Carrey desarrolla nuevamente una impresionante actuación y golpea a la Academia con guante blanco, ya que una vez más los críticos y su ceguera hicieron caso omiso de su brillante trabajo histriónico (¡Mandalos al diablo Jim! ...lo debiste haber hecho desde Truman Show).

Acompañándolo tenemos a un maravilloso Martin Landau (Ganador del Oscar por Ed Wood) quien tiene un duelo de actuación con Jim sobresaliente. Aquí interpreta el papel de su padre y un apasionado vehemente del cinematógrafo. Es en labios de éste, que escuchamos un espléndido discurso de lo que significa el cine y los sueños que provoca.

En el elenco también se encuentran la joven Laurie Holden (Extraída de la serie de televisión The X-Files); David Ogden Stiers (Curse of the Jade Scorpion) y el dos veces nominado James Whitmore (The Shawshank Redemption).

Dirige ésta emotiva cinta (que por momentos recuerda a Cinema Paradiso) el maestro Frank Darabont, quien ya ha estrujado nuestros corazones con la historia del presidiario inocente en The Shawshank Redemption y el gigante milagroso en The Green Mile. En esta ocasión el guión no pertenece a Stephen King, como en las dos anteriores, sino a su viejo amigo Michael Sloane. Tal vez sea por eso que la Academia también pasó de largo sin otorgar mayor miramiento.

El soundtrack es una delicia para los amantes de las películas viejas; jazz, swing, clarinete y teclas blanquinegras incluidas. En verdad muy disfrutable. (¿me estaré haciendo viejo?).

La fotografía tiene también momentos destacables entre los cuales quiero subrayar un atardecer majestuosamente romántico a la orilla del mar con un faro a contra luz. Sublime.

Los detalles melosos pueden provocarles tal vez un poco de aburrimiento, pero si se sienten con hambre de reencontrarse con la vida, de darle un beso a su acompañante o simplemente refrendar su lealtad al mundo mágico de los veinticuatro cuadros por segundo, vengan a ver El Majestic, repito, una oda al espíritu del cine.

Mujeres como la que hoy tengo a mi lado y cintas así me hacen pensar que la existencia es un milagro que vale la pena vivirse día a día y cuadro a cuadro. Nos videamos.

Nos videamos.





En: Cine
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