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Relatos

Dom 15 Mayo, 2011 GMT

El espejo de la Reina de las Nieves, de Andersen


PRIMER EPISODIO

Trata del espejo y del trozo de espejo


Atención, que vamos a empezar. Cuando hayamos llegado al final de esta parte sabremos más que ahora; pues esta historia trata de un duende perverso, uno de los peores, ¡como que era el diablo en persona! Un día estaba de muy buen humor, pues había construido un espejo dotado de una curiosa propiedad: todo lo bueno y lo bello que en él se reflejaba se encogía hasta casi desaparecer, mientras que lo inútil y feo destacaba y aún se intensificaba. Los paisajes más hermosos aparecían en él como espinacas hervidas, y las personas más virtuosas resultaban repugnantes o se veían en posición invertida, sin tronco y con las caras tan contorsionadas, que era imposible reconocerlas; y si uno tenía una peca, podía tener la certeza de que se le extendería por la boca y la nariz…..Luego quisieron subir al mismo cielo, deseosos de reírse a costa de los ángeles y de Dios Nuestro Señor. Cuanto más se elevaban con su espejo, tanto más se reía éste sarcásticamente, hasta tal punto que a duras penas podían sujetarlo. Siguieron volando y acercándose a Dios y a los ángeles, y he aquí que el espejo tuvo tal acceso de risa, que se soltó de sus manos y cayó a la Tierra, donde quedó roto en cien millones, qué digo, en billones de fragmentos y aún más. Y justamente entonces causó más trastornos que antes, pues algunos de los pedazos, del tamaño de un grano de arena, dieron la vuelta al mundo, deteniéndose en los sitios donde veían gente, la cual se reflejaba en ellos completamente contrahecha, o bien se limitaban a reproducir sólo lo irregular de una cosa, pues cada uno de los minúsculos fragmentos conservaba la misma virtud que el espejo entero. A algunas personas, uno de aquellos pedacitos llegó a metérseles en el corazón, y el resultado fue horrible, pues el corazón se les volvió como un trozo de hielo. Varios pedazos eran del tamaño suficiente para servir de cristales de ventana; pero era muy desagradable mirar a los amigos a través de ellos. Otros fragmentos se emplearon para montar anteojos, y cuando las personas se calaban estos lentes para ver bien y con justicia, huelga decir lo que pasaba. El diablo se reía a reventar, divirtiéndose de lo lindo. Pero algunos pedazos diminutos volaron más lejos. Ahora vas a oírlo…



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Sab 04 Oct, 2008 GMT

La estrella de mar

La estrella de mar vivía iluminando y dando calor a las frías aguas. Su color, de un refulgente dorado, recordaba al del lejano sol. No podía evitar brillar: había nacido para ello. Y sus destellos se expandían a través del azul marino como ondas magnéticas.

La estrella también destacaba, aun a su pesar. Era lo más bonito que podías encontrar en las aguas. Incluso cuando perdía una punta, mágicamente volvía a aparecerle de nuevo. Además de radiante, había algo en ella de lo eterno de Dios. Estaba llena de vida. Su sociabilidad era tal, que se comunicaba prácticamente con toda la variopinta y colorida fauna oceánica.

Un buen día vino a visitarla una piraña. La conocía de antes, pero la estrellita no quería guardar la memoria más que de las cosas buenas y agradables. Ese día estaba particularmente contenta, y la saludó:

- ¡Hola alegre piraña! ¡Tan llena de fuerza y energía!
- ¿Te burlas de mí, estúpida estrella? ¡Siempre haciéndote la buena!

La estrella no entendió su respuesta, hablaban distinto lenguaje; al instante se arrepintió de haberle tendido su sonrisa.

La piraña aprovechó la aflicción de su compañera, y le mordió. La estrella perdió dos de sus puntas.

- Para ti no existo, piraña. Olvídame

Se retiró con su dolor y con el tiempo volvieron a nacerle sus brazos perdidos. Esta vez la estrella sí recordó.

Moraleja: La estrella no puede evitar dar luz y entregarse. La piraña tampoco puede remediar hacer daño. Nunca lo olvides: si eres una estrella, no te acerques a una piraña


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Jue 25 Sep, 2008 GMT

DIBUJANDO SUEÑOS

DIBUJANDO SUEÑOS

Había una vez, hace mucho tiempo, un niño, de nombre Adrián (nombre que significa "aquél que vino del mar", y que sus padres le pusieron por sus grandes ojos azules como el océano), que nació con los ojos muy abiertos.

El pequeño todo lo observaba con su inquieta y profunda mirada. Los negros ojos de mamá y su preciosa cara, los jueguetes de la cuna... Era muy tranquilo y apenas lloraba. Parecía un niño como cualquier otro, pero tenía algo especial.

En cuanto fue al Colegio y le pusieron en las manos unos rotuladores de coloresImagen , ya os podéis imaginar lo que hizo con ellos. Desde que nació había ido memorizando en su cabeza todo aquello que veía, sin poder evitarlo. Adrián lo primero que aprendió en la escuela fue a dibujar.

Primero con el lápiz, y luego ya comenzó a colorear

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Su familia estaba muy sorprendida. Adrián dibujaba y pintaba todo lo que veía a su alrededor. Y todos pensaban que el día de mañana sería un gran pintor.

Cuando empezó a crecer, dio un salto y además comenzó a plasmar en su bloc de dibujo sus sueños, sus deseos y sus ilusiones. Las fantasías de su cabeza tomaban forma sobre el papel en blanco. Ya no se limitaba a dibujar lo que había a su alrededor, sino que también pintaba lo que le gustaría que hubiera. Sus dibujos transmitían paz, alegría y buenos deseos para todos.

Cuando sus padres se preparaban ya para matricularlo en una Academia de Pintores, Adrián, ya hecho un hombre, dijo que eso era una afición, y que el quería ser arquitecto, no dibujante. Además, razonó, para esa profesión era bueno tener ese talento.

Cursó esos estudios en la Universidad, y justo cuando los terminó, encontró un buen empleo. En sus primeros años trabajando conoció a una chica de la que se hizo muy amigo, y con la que tenía muchas cosas en común, y después de ocho meses de amistad, se enamoraron y se hicieron novios

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A Adrián no le gustaba volar, pero tuvo que tomar un avión para ir a ver a una tía suya que estaba muy enferma. Se lo dijo a Clarisa, su chica, por si quería acompañarle. Pero ella tenía mucho trabajo y no podía. La noche que tomó el vuelo era tormentosa y los pasajeros empezaron a sentir miedo por sus vidas, pues el avión comenzó a zozobrar. Las gotas de la caudalosa lluvia mojaban y empañaban los cristales de las ventanillas.

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Adrián estaba cada vez más nervioso. Sólo sabía que no podía morir ahora. Quería estar con sus padres, con Clarisa, con sus amigos... Amainó un poco el temporal, y para su sorpresa vio que un ala del avión se había roto. Se fue corriendo al lavabo, y pensó en lo que más le gustaba hacer desde la infancia: dibujar. Eso le tranquilizaría. Imaginó que el ala del avión estaba entera, como al principio del viaje. Y cogió papel y lápiz y con rápidos y precisos trazos la dibujó. Con todas las fuerzas de su ser empezó a decir en voz alta: "el ala está bien, el ala está bien". Y remarcó con un trazo más grueso el perfil del ala. Era absurdo lo que estaba haciendo. Siempre le dijeron que sus dibujos tenían algo de magia, pero... ¡No podían cambiar la realidad!

Adrián volvió a su asiento, y de nuevo miró desesperanzado por la ventanilla...

¡El ala estaba entera! ¡No lo podía creer! Una furtiva lágrima de felicidad resbaló por una de sus mejillas.

Imagen

"¡Gracias Dios mío!", musitó.

Nunca pierdas la fe. Si deseas algo con mucha fuerza, aunque parezca imposible, visualízalo en tu mente y puede que... ¡Se cumpla!

PD: "Les dijo por su poca fe por que yo les aseguro si tienen fe como un grano de mostaza dirán a este monte desplázate de aquí allá y se desplazara y nada les será imposible" (Mateo 17, 19-21)



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Mar 29 Jul, 2008 GMT

La Serpiente - 2 Relatos -

La Serpiente (Cuento)

Una serpiente tenía su cueva en cierta localidad.

Nadie osaba pasar por allí, pues aquellos que lo hicieron habían sido mordidos mortalmente por ella.

Cierta vez, pasó por ese lugar un santo.

Como de costumbre, la serpiente lo siguió con la intención de morderle, pero cuando se acercó al sabio, perdió toda su ferocidad y quedó cautivada por su dulzura.

Viendo a la serpiente, el santo dijo: "Bien, amiga mía, ¿quieres morderme?"

La serpiente quedó avergonzada y no contestó nada.

Al ver esto, el sabio agregó: "Escucha con atención, amiga mía; en el futuro no hagas daño a nadie".

La serpiente inclinó su cabeza en señal de asentimiento.

Cuando el sabio se fue, la serpiente entró en su cueva y, desde aquel día, comenzó a vivir una vida de inocencia y pureza, sin tener el menor deseo de dañar a nadie.

A los pocos días, se corrió la voz en el vecindario de que la serpiente había perdido todo su veneno y era inofensiva, y entonces, la gente comenzó a molestarla.

Algunos le tiraban piedras, otros la arrastraban desconsideradamente tirándola de la cola.

De este modo, sus sufrimientos no tenían fin.

Afortunadamente, después de cierto tiempo, volvió a pasar por aquel lugar el sabio, y viendo lo magullada y golpeada que se encontraba la pobre serpiente, se compadeció de ella y le preguntó la causa de tal calamidad.

A eso, la serpiente contestó: "Señor, he sido reducida a este estado, porque no he hecho daño a nadie después de haber recibido sus instrucciones. Pero, ¡ay!, ¡ellos son tan crueles!"

Sonriendo, el sabio dijo: "Querida amiga, yo simplemente te aconsejé que no hicieras daño a nadie, pero nunca te pedí que dejaras de silbar y asustar a los demás si era necesario. Aunque no debes morder a ninguna criatura, puedes mantener la gente a considerable distancia asustándola con tu silbido".

De modo similar, si tú vives en el mundo, haz que los demás te respeten.

No hagas daño a nadie, pero, al mismo tiempo, no permitas que otros te dañen a ti.

Sri Ramakrishna

Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir; Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
¿Puedo hacerte tres preguntas?
la serpiente respondió:
- No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No, contestó la
serpiente.
- ¿Yo te
he hecho algún mal?
- No, volvió a responder.
- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
- ¡Porque no soporto verte brillar........!
Así, muchos de nosotros nos hemos visto
envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa ésto si yo no he hecho nada malo? Sencillo; porque no soportan verte brillar.
La Envidia, es el peor sentimiento que podemos tener. Que envidien tus logros, tu éxito, que envidien verte brillar. Cuando esto
pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, sigue

dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte, porque tu luz seguirá intacta, tu esencia permanecerá, pase lo que pase.

Dominio Público



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Dom 06 Jul, 2008 GMT

Provocaciones

Provocaciones

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo acepto el desafío. Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo por provocarle, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró. Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: "¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?". El maestro les preguntó: "Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?". "A quien intentó entregarlo", respondió uno de los alumnos. "Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo".

Vicky Larraz - Bravo samurai



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Dom 22 Jun, 2008 GMT

Tu daño me hizo más fuerte

Tu daño me hizo más fuerte (Fuente: interrogantes.net)

Ben Sarok, un hombre cruel, no podía ver nada sano ni bello sin destrozarlo. Al borde de un oasis se encontró con una joven palmera. Esto le irritó, así que cogió una pesada piedra y la colocó justo encima de la palmera. Entonces, con una mueca malvada, pasó por encima. La joven palmera intentó eliminar la carga, pero fue en vano. Después, el joven árbol probó una táctica diferente. Cavó hacia el interior para soportar su peso, hasta que sus raíces encontraron una fuente escondida de agua. Entonces el árbol creció más alto que todos los otros, logró culminar todas las sombras. Con el agua de las profundidades de la tierra y el sol de los cielos se convirtió en un árbol majestuoso. Años más tarde, Ben Sarok volvió para disfrutar de la imagen del pequeño árbol que había destrozado. Pero no pudo encontrarlo en ningún lugar. Por último el árbol se inclinó, le mostró la piedra sobre su copa y dijo: "Ben Sarok, tengo que agradecerte, tu daño me hizo más fuerte".

William Orbit - Barbers Adagio For Strings



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Lun 16 Jul, 2007 GMT

¿Cuál eres de los tres?

ZANAHORIA, HUEVO O CAFÉ Blanca Mesías

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" -"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cual de los tres eres? ara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cual de los tres eres?



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Lun 16 Jul, 2007 GMT

Las tres rejas

Las tres rejas

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:

-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…

¡Espera! –lo interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Las tres rejas?, preguntó su discípulo.

-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario…

-Ah ¡vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces…. –dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.



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